Hoy dejaremos de lado la literatura, la sintaxis... Queremos centrarnos en la actualidad, concretamente en los desafortunados refugiados sirianos, que por los dados de la vida, sufren tal desgracia.
Imagina que un día despiertas en un campo de batalla, sin ninguno de los lujos a los que te habías acostumbrado. ¿Y tu iPhone? ¿Y tu Mac? Han desaparecido, ah no, que nunca pudiste disfrutar de ellos por tu situación...
Pero ten algo en cuenta, quien llora pierde, o peor, Muere.
Pero ten algo en cuenta, quien llora pierde, o peor, Muere.
Esta es nuestra experiencia interactiva:
La primera vez sobrevivimos, pero tuvimos que renunciar a parte de nuestra humanidad dejando morir a una madre y su hija, por miedo de que nos atraparan.
En el segundo intento morimos ahogados en las profundidades del mar, nosotros y nuestra familia. No perecimos por la guerra, sino por el azar, pero igualmente lo hicimos.
Por lo tanto... En otra vida no hubiésemos vivido.
Aunque la muerte hubiese mirado hacia otro lado y nos hubiera permitido seguir existiendo, ¿qué sería de nuestra vida?
Está claro que en situaciones de vida o muerte como éstas, los principios quedan relegados a un segundo plano porque pierden importancia frente a seguir respirando, pero una vez todo a terminado...
¿Qué sucede?
¿Seríamos la clase de personas que se lo echan a cuestas y aprenden a vivir con ello? Con su sacrificio, sabiendo hasta donde podrían llegar... O ¿en cambio seríamos la clase de personas que se ahogan en la culpabilidad y viven el resto de sus días sufriendo de la manera más profunda existente?
Desde luego no lo sabemos, y debemos rogar porque jamás lo descubramos, pero no podemos simplemente mirarnos el ombligo y alegrarnos por la suerte que nos ha brindado el destino, sino que debemos hacer más, ayudar más, pensar más, sentir más... y en definitiva, SER más.
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